En una conversación vía email que tuve en estos días comente que no era muy fanática de la cocina. A lo que me respondieron “Y con lo bien que se come en la Evangélica Unida de Fajardo”. Esto, junto a otros insumos obtenidos mediante este método de comunicación moderno me hizo pensar en el plan de Dios para mi vida. Dios me transporta desde el área de la salud hasta el área de la teología pastoral práctica. Pero, ¿por qué? ¿Qué puedo contribuir a esta especialidad teológica desde la perspectiva de la salud?
El acercamiento que esta autora hace a este tema, se lleva a cabo desde la óptica de la especialidad o sub-disciplina de la teología pastoral protestante y la especialidad de la Terapia física. La Teología Pastoral es una especialidad que se organiza bajo la rúbrica de la disciplina de la teología práctica; la cual es reconocida en el mundo de la teología académica como la “ciencia del cuidado de las almas”. La Terapia física, también conocida como rehabilitación funcional, es un programa diseñado para ayudar al cliente a mejorar o mantener sus capacidades funcionales (por ejemplo, actividades de la vida diaria). La terapia física incluye el desarrollo de la fuerza, flexibilidad y resistencia, así como el aprendizaje de la biomecánica apropiada (por ejemplo, la postura) para lograr la estabilidad de la columna y prevenir las lesiones[1].
Ambas especialidades tienen de centro al “Documento Humano Viviente” como el ethos de reflexión para lograr un bienestar integral y holístico. Para efectos de este trabajo nos enfocaremos en la disciplina del ejercicio físico como prevención y compromiso ante la mayordomía del cuerpo.
Para comenzar a explicar la mayordomía del cuerpo debemos retornar al macro de la definición y ubicarla en el contexto del cristianismo. Por lo tanto, la mayordomía cristiana es la actividad libre y gozosa de los hijos de Dios y de la familia de Dios, la iglesia, a través de la cual se administra toda la vida y todos los recursos de la vida según la voluntad de Dios[2]. La pregunta a seguir, sería entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Dios me quiere enfermo? ¿Dios quiere que tenga diabetes, artritis, colesterol alto etc.? Estas son algunas de las enfermedades que aunque genéticamente nos podrían afectar, muchas veces nuestros estilos de vida influyen en el desarrollo de las mismas.
La disciplina de la salud física puede ser clasificada desde una perspectiva pastoral como una práctica ascética con el potencial para cultivar una autoestima más alta y una existencia espiritual[3]. El acondicionamiento físico ha llegado a ser un movimiento popular que cruza las fronteras de generación, clase y cultura social[4]. Dentro de estos salones llamados “Fitness Center” todos llegan con una meta común, mejorar su condición ya sea por salud, estética o simplemente exposición a relaciones interpersonales.
La disciplina de la salud “Fitness discipline” incluye ejercicio aeróbico, ejercicios de tonificación, nutrición y un estilo de vida moderado. La actividad física ha ampliado el cosmos en donde por siglos la iglesia había enmarcado el cuerpo. En muchas ocasiones olvidamos que el Ser Humano es un ser integral formado a Imagen y Semejanza de Dios (Génesis 1; 27), capacitados en espíritu, alma y cuerpo. Dios se complace en nutrir nuestros cuerpos de alimentos saludables tanto físicos como espirituales para lograr buenos estados de nutrición y buenas etapas de producción.
El acercamiento que esta autora hace a este tema, se lleva a cabo desde la óptica de la especialidad o sub-disciplina de la teología pastoral protestante y la especialidad de la Terapia física. La Teología Pastoral es una especialidad que se organiza bajo la rúbrica de la disciplina de la teología práctica; la cual es reconocida en el mundo de la teología académica como la “ciencia del cuidado de las almas”. La Terapia física, también conocida como rehabilitación funcional, es un programa diseñado para ayudar al cliente a mejorar o mantener sus capacidades funcionales (por ejemplo, actividades de la vida diaria). La terapia física incluye el desarrollo de la fuerza, flexibilidad y resistencia, así como el aprendizaje de la biomecánica apropiada (por ejemplo, la postura) para lograr la estabilidad de la columna y prevenir las lesiones[1].
Ambas especialidades tienen de centro al “Documento Humano Viviente” como el ethos de reflexión para lograr un bienestar integral y holístico. Para efectos de este trabajo nos enfocaremos en la disciplina del ejercicio físico como prevención y compromiso ante la mayordomía del cuerpo.
Para comenzar a explicar la mayordomía del cuerpo debemos retornar al macro de la definición y ubicarla en el contexto del cristianismo. Por lo tanto, la mayordomía cristiana es la actividad libre y gozosa de los hijos de Dios y de la familia de Dios, la iglesia, a través de la cual se administra toda la vida y todos los recursos de la vida según la voluntad de Dios[2]. La pregunta a seguir, sería entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Dios me quiere enfermo? ¿Dios quiere que tenga diabetes, artritis, colesterol alto etc.? Estas son algunas de las enfermedades que aunque genéticamente nos podrían afectar, muchas veces nuestros estilos de vida influyen en el desarrollo de las mismas.
La disciplina de la salud física puede ser clasificada desde una perspectiva pastoral como una práctica ascética con el potencial para cultivar una autoestima más alta y una existencia espiritual[3]. El acondicionamiento físico ha llegado a ser un movimiento popular que cruza las fronteras de generación, clase y cultura social[4]. Dentro de estos salones llamados “Fitness Center” todos llegan con una meta común, mejorar su condición ya sea por salud, estética o simplemente exposición a relaciones interpersonales.
La disciplina de la salud “Fitness discipline” incluye ejercicio aeróbico, ejercicios de tonificación, nutrición y un estilo de vida moderado. La actividad física ha ampliado el cosmos en donde por siglos la iglesia había enmarcado el cuerpo. En muchas ocasiones olvidamos que el Ser Humano es un ser integral formado a Imagen y Semejanza de Dios (Génesis 1; 27), capacitados en espíritu, alma y cuerpo. Dios se complace en nutrir nuestros cuerpos de alimentos saludables tanto físicos como espirituales para lograr buenos estados de nutrición y buenas etapas de producción.
Nuestros cuerpos son la obra sapiencial de Dios que solo su inteligencia podía concebir. La finalidad de nuestro cuerpo es transportar nuestro espíritu y mantenernos en koinonia y empatía con los/as demás. El alma es el aposento de nuestros pensamientos y emociones los cuales también deben ejercitarse con la disciplina de la oración y la fe. Estos tres: espíritu, alma y cuerpo deben andar en igualdad de condiciones, bajo la misma estricta disciplina; para lograr un encuentro con Dios durante el tiempo que nos toque vivir.
1 Ustedes deben considerarnos como simples servidores de Cristo, encargados de enseñar los planes que Dios tenía en secreto.2 Los que están encargados de alguna tarea deben demostrar que se puede confiar en ellos. I Corintios 4:1-2
Nuestro Padre Celestial nos da esos bienes con gusto, pero también nos delega una responsabilidad que exige que los utilicemos con sabiduría, sin abusos, sin derroches. Somos los administradores de nuestros cuerpos. “Cuida tu cuerpo, es tu HOGAR”.
[1] http://www.scoliosisassociates.com/subject.php?pn=terapia-fisica-038
[2] http://www.lcms.org/graphics/assets/media/DCS/BSP-Spanish.pdf
[3] Rodney Hunter. Dictionary of Pastoral Care and Counseling (Nashville: Abingdon, 2005), 921.
[4] Ibid