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Todos abordo. Jesús cuida de mi.

martes, 27 de abril de 2010

Estoy enfermo ¿y ahora que?: Busqueda y Respuestas

Búsqueda y Respuestas

En su libro “Por los caminos del dolor” el fenecido teólogo pastoral puertorriqueño y pastor de la Iglesia Evangélica Unida de PR, el Rvdo. Miguel Limardo, ofrece unas guías magistrales para ayudar, en las visitas a enfermos con diferentes diagnósticos médicos y cito:

¿Qué sucedería si cada hombre que se llama cristiano (yo le añadiría “persona”, pensando en la dimensión emocional de los seres humanos) decidiera un día empezar a visitar enfermos y desvalidos, como en una cruzada de amor? ¿Qué ocurriría, si en cada lecho de dolor, en cada sillón de ruedas, en cada cama, viéramos traslucirse la imagen de Aquel, que llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores? ¿Le visitaríamos con la misma ternura con que miramos hacia la cruz? , cierro la cita.

El Rvdo. Limardo, utiliza un discurso muy característico de sus escritos devocionales, rodeado de humildad, candidez y su toque particular de reflexión teológica y acción pastoral.

En otro de sus escritos “La Rosa y la espina”, este mismo autor manifiesta lo siguiente y cito:

Hay dos modos de conocer a una persona. Uno, por las referencias que nos llegan de esa persona y otra a través de la relación íntima que establecemos con ella. Así también sucede con Dios. Se puede conocer por lo que oímos acerca de Él. Por lo que leemos y por lo que nos cuentan. Pero también se le puede conocer por una experiencia diaria de intima amistad con Él. De aquí, pues, que hay un Dios de oídas y un Dios de la experiencia. El Dios de oídas, es el que llena la mente, el de la experiencia; el que llena el espíritu. Uno de la cabeza y otro del corazón; uno del intelecto y otro de la vida entera, cierro la cita.

Este Dios de la experiencia es el que se vivifica en la aflicción y en el quebranto. Y en ese lugar específico, en el que encontramos a Dios con y en nosotros, se entretejen las narrativas de vida de la persona pastoral. (A partir de este momento, acuño el término “persona pastoral” utilizado por el Dr. Jesús Rodríguez, para referirme a cualquier líder religioso, sea hombre o mujer).

Esta persona pastoral, es la misma que desde su sufrimiento, tiene que trabajar como “documento humano viviente” con sus propias limitaciones y sentimientos para ayudar a otros y otras, sin que su experiencia limite la sanidad espiritual y en muchos casos físicas, de los demás. El concepto de documento humano viviente es desarrollado por Anton T. Boisen. En el mismo, se estudia la narrativa de la persona que recibe el cuidado pastoral y se examina hermenéuticamente para complementar el diagnóstico teológico y crear un plan de cuidado. Esto es lo que Henri J. M. Nouwen refiere en su libro “El sanador herido”. Esta imagen declara que todos y todas tenemos nuestras propias crónicas de vidas llenas de alegría, pero en ocasiones, sumergidas en profundas experiencias de angustia y dolor. Nouwen afirma y cito, “que la persona pastoral debe tener una actitud, en donde desde sus propia condición de herido, haga algo útil para la curación de los/las demás”, cierro la cita.

Al poner cual papel de calco los planteamientos de Limardo y Nouwen, sobre el mapa de la realidad puertorriqueña respecto a la capellanía hospitalaria encuentro atreves del crisol de mi investigación y de mi experiencia, que en nuestra sociedad puertorriqueña, inmersa en problemas y luchas; la urgencia y la necesidad del cuidado pastoral clínico se hace patente. Pero, el mismo debe darse enmarcado en lo que, Carrol Wise define como y cito, “el arte de comunicar el significado interno del evangelio a una persona en el punto de necesidad de esta”, cierro la cita, lo cual va de la mano con la metáfora primigenia del cuidado pastoral, “el ser humano como documento viviente”.

Sin lugar a dudas, la enfermedad y el cuidado hospitalario son circunstancias en la vida de la persona que causan angustia, ansiedad y sufrimiento. En este contexto particular la persona se enfrenta a exigencias que le imponen realizar un esfuerzo de adaptación, de búsqueda y de nuevos equilibrios quizás en el momento de mayor vulnerabilidad de su vida, lo que se traduce en los mismos en la modificación de comportamientos y conductas ante la situación inesperada. Definitivamente, una enfermedad y/o una hospitalización, crean una crisis existencial, que provoca fuertes emociones. Entre las cuales se encuentran el coraje, la aflicción y la frustración. La tarea de la persona pastoral, frente a esta realidad es la de entender que esos sentimientos fuertes, son parte de la peregrinación del paciente. En este, un peregrinar, que devela que al enfermar el ser humano también lleva en sí mismo, a una persona con necesidades tanto físicas como espirituales; provocando que, el/la paciente ventile cual catarsis verdades ocultas del alma. Lo que conlleva que la persona pastoral aprenda a escuchar y a responder sin juzgar siempre y cuando haya aprendido mediante la educación clínica pastoral, a separar sus sentimientos y persona de la del paciente lo cual se logra, con la experiencia supervisada que brinda la clínica pastoral.

Instrumentos del cuidado

Lo que me provoca definir, el trabajo de la persona pastoral, como una tarea que se centra en el arte y la capacidad de participar en la energía espiritual de la narrativa de vida de quienes reciben cuidado. Este escuchar, ocurre desde una intencionalidad definida… desde valores y sentimientos que muchas veces son violados o desconocidos por el personal médico y aun en ocasiones por sus mismos familiares. Pero, dato importante y determinante que en toda la literatura revisada pude observar es que, en la intervención persona pastoral-paciente, se tiene que dar prioridad a la espiritualidad del Otro/a por encima de las tradiciones y prácticas religiosas que trae consigo, quien brinda ese cuidado pastoral.

Otra realidad es, el desfase existente entre la visión puramente salvífica y la necesidad del Otro/a que encontramos ante el grito silencioso de nuestro pueblo. Lo cual provoca que sean muchas las personas que con buena voluntad y deseo responden a proveer cuidado en el contexto hospitalario. No obstante en este contexto, no basta solo la buena voluntad, como ya he indicado. Pues, se requiere de herramientas que faciliten el reaprender nuevas formas de comprender al doliente, al enfermo, mientras trabajamos con nuestras propias emociones, creencias y cosmovisiones.

Sin dudas, ese marcado énfasis unidireccional, esa preocupación por salvar el alma, en ocasiones limita el escuchar e impone mi urgencia por salvar una vida, sobre las urgencias de quien sufre y busca ser escuchado/a desde su realidad de dolor y desesperanza. Es por ello que afirmo a la luz de la investigación realizada que: la persona pastoral en Puerto Rico necesita capacitarse para responder de manera adecuada a los aspectos éticos y morales que tanto el/la paciente, sus familiares y los profesionales de la salud le presentan en el contexto hospitalario el cual exige respuestas desde un plano clínico en donde debe existir un balance entre aspecto clínicos y espirituales.

Víctor Frankl, señala en su libro Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia que y cito “la palabra dicha a un enfermo, debe saber llegar al alma de este” cierro la cita. Frankl, invita al profesional de la salud a romper con la mecánica terapéutica para entrar en una dinámica más humana con el paciente.

La iglesia y su pastoral debe trabajar en este ministerio de salud intensamente para ayudar a otros y otras desde su necesidad, desde su dolor.

Saludos

Gracias por tomar de tu tiempo para compartir mis cartas abiertas. Las mismas son historias del alma que comparto con todo el que las quiera leer. Aquí escribo de todo. Desde mis experiencias en el salón de clase hasta un poco de mis viajes . Bendiciones para ti.