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Cartas abiertas/historias del alma
All aboard. Enjoy the flight!
Todos abordo. Jesús cuida de mi.
miércoles, 9 de abril de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
La Aventura comienza hoy!
Siempre me ha gustado mucho viajar. La gente ya me dice que compre un avión. Otros me envían mensajes privados en mi cuenta de facebook, pidiéndome consejos para sus viajes. Hoy decido comenzar a escribir precisamente sobre este tema. No se cuanto me dure la fiebre, pero me parece una Buena idea. La motivación me la dió mi amiga Maribel. Ella ha creado su propio blog camino a los 50. Hoy escribo poco porque es solo el comienzo.
Hasta la vista!!!
Siempre me ha gustado mucho viajar. La gente ya me dice que compre un avión. Otros me envían mensajes privados en mi cuenta de facebook, pidiéndome consejos para sus viajes. Hoy decido comenzar a escribir precisamente sobre este tema. No se cuanto me dure la fiebre, pero me parece una Buena idea. La motivación me la dió mi amiga Maribel. Ella ha creado su propio blog camino a los 50. Hoy escribo poco porque es solo el comienzo.
Hasta la vista!!!
martes, 27 de abril de 2010
Estoy enfermo ¿y ahora que?: Busqueda y Respuestas
Búsqueda y Respuestas
En su libro “Por los caminos del dolor” el fenecido teólogo pastoral puertorriqueño y pastor de la Iglesia Evangélica Unida de PR, el Rvdo. Miguel Limardo, ofrece unas guías magistrales para ayudar, en las visitas a enfermos con diferentes diagnósticos médicos y cito:
¿Qué sucedería si cada hombre que se llama cristiano (yo le añadiría “persona”, pensando en la dimensión emocional de los seres humanos) decidiera un día empezar a visitar enfermos y desvalidos, como en una cruzada de amor? ¿Qué ocurriría, si en cada lecho de dolor, en cada sillón de ruedas, en cada cama, viéramos traslucirse la imagen de Aquel, que llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores? ¿Le visitaríamos con la misma ternura con que miramos hacia la cruz? , cierro la cita.
El Rvdo. Limardo, utiliza un discurso muy característico de sus escritos devocionales, rodeado de humildad, candidez y su toque particular de reflexión teológica y acción pastoral.
En otro de sus escritos “La Rosa y la espina”, este mismo autor manifiesta lo siguiente y cito:
Hay dos modos de conocer a una persona. Uno, por las referencias que nos llegan de esa persona y otra a través de la relación íntima que establecemos con ella. Así también sucede con Dios. Se puede conocer por lo que oímos acerca de Él. Por lo que leemos y por lo que nos cuentan. Pero también se le puede conocer por una experiencia diaria de intima amistad con Él. De aquí, pues, que hay un Dios de oídas y un Dios de la experiencia. El Dios de oídas, es el que llena la mente, el de la experiencia; el que llena el espíritu. Uno de la cabeza y otro del corazón; uno del intelecto y otro de la vida entera, cierro la cita.
Este Dios de la experiencia es el que se vivifica en la aflicción y en el quebranto. Y en ese lugar específico, en el que encontramos a Dios con y en nosotros, se entretejen las narrativas de vida de la persona pastoral. (A partir de este momento, acuño el término “persona pastoral” utilizado por el Dr. Jesús Rodríguez, para referirme a cualquier líder religioso, sea hombre o mujer).
Esta persona pastoral, es la misma que desde su sufrimiento, tiene que trabajar como “documento humano viviente” con sus propias limitaciones y sentimientos para ayudar a otros y otras, sin que su experiencia limite la sanidad espiritual y en muchos casos físicas, de los demás. El concepto de documento humano viviente es desarrollado por Anton T. Boisen. En el mismo, se estudia la narrativa de la persona que recibe el cuidado pastoral y se examina hermenéuticamente para complementar el diagnóstico teológico y crear un plan de cuidado. Esto es lo que Henri J. M. Nouwen refiere en su libro “El sanador herido”. Esta imagen declara que todos y todas tenemos nuestras propias crónicas de vidas llenas de alegría, pero en ocasiones, sumergidas en profundas experiencias de angustia y dolor. Nouwen afirma y cito, “que la persona pastoral debe tener una actitud, en donde desde sus propia condición de herido, haga algo útil para la curación de los/las demás”, cierro la cita.
Al poner cual papel de calco los planteamientos de Limardo y Nouwen, sobre el mapa de la realidad puertorriqueña respecto a la capellanía hospitalaria encuentro atreves del crisol de mi investigación y de mi experiencia, que en nuestra sociedad puertorriqueña, inmersa en problemas y luchas; la urgencia y la necesidad del cuidado pastoral clínico se hace patente. Pero, el mismo debe darse enmarcado en lo que, Carrol Wise define como y cito, “el arte de comunicar el significado interno del evangelio a una persona en el punto de necesidad de esta”, cierro la cita, lo cual va de la mano con la metáfora primigenia del cuidado pastoral, “el ser humano como documento viviente”.
Sin lugar a dudas, la enfermedad y el cuidado hospitalario son circunstancias en la vida de la persona que causan angustia, ansiedad y sufrimiento. En este contexto particular la persona se enfrenta a exigencias que le imponen realizar un esfuerzo de adaptación, de búsqueda y de nuevos equilibrios quizás en el momento de mayor vulnerabilidad de su vida, lo que se traduce en los mismos en la modificación de comportamientos y conductas ante la situación inesperada. Definitivamente, una enfermedad y/o una hospitalización, crean una crisis existencial, que provoca fuertes emociones. Entre las cuales se encuentran el coraje, la aflicción y la frustración. La tarea de la persona pastoral, frente a esta realidad es la de entender que esos sentimientos fuertes, son parte de la peregrinación del paciente. En este, un peregrinar, que devela que al enfermar el ser humano también lleva en sí mismo, a una persona con necesidades tanto físicas como espirituales; provocando que, el/la paciente ventile cual catarsis verdades ocultas del alma. Lo que conlleva que la persona pastoral aprenda a escuchar y a responder sin juzgar siempre y cuando haya aprendido mediante la educación clínica pastoral, a separar sus sentimientos y persona de la del paciente lo cual se logra, con la experiencia supervisada que brinda la clínica pastoral.
Instrumentos del cuidado
Lo que me provoca definir, el trabajo de la persona pastoral, como una tarea que se centra en el arte y la capacidad de participar en la energía espiritual de la narrativa de vida de quienes reciben cuidado. Este escuchar, ocurre desde una intencionalidad definida… desde valores y sentimientos que muchas veces son violados o desconocidos por el personal médico y aun en ocasiones por sus mismos familiares. Pero, dato importante y determinante que en toda la literatura revisada pude observar es que, en la intervención persona pastoral-paciente, se tiene que dar prioridad a la espiritualidad del Otro/a por encima de las tradiciones y prácticas religiosas que trae consigo, quien brinda ese cuidado pastoral.
Otra realidad es, el desfase existente entre la visión puramente salvífica y la necesidad del Otro/a que encontramos ante el grito silencioso de nuestro pueblo. Lo cual provoca que sean muchas las personas que con buena voluntad y deseo responden a proveer cuidado en el contexto hospitalario. No obstante en este contexto, no basta solo la buena voluntad, como ya he indicado. Pues, se requiere de herramientas que faciliten el reaprender nuevas formas de comprender al doliente, al enfermo, mientras trabajamos con nuestras propias emociones, creencias y cosmovisiones.
Sin dudas, ese marcado énfasis unidireccional, esa preocupación por salvar el alma, en ocasiones limita el escuchar e impone mi urgencia por salvar una vida, sobre las urgencias de quien sufre y busca ser escuchado/a desde su realidad de dolor y desesperanza. Es por ello que afirmo a la luz de la investigación realizada que: la persona pastoral en Puerto Rico necesita capacitarse para responder de manera adecuada a los aspectos éticos y morales que tanto el/la paciente, sus familiares y los profesionales de la salud le presentan en el contexto hospitalario el cual exige respuestas desde un plano clínico en donde debe existir un balance entre aspecto clínicos y espirituales.
Víctor Frankl, señala en su libro Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia que y cito “la palabra dicha a un enfermo, debe saber llegar al alma de este” cierro la cita. Frankl, invita al profesional de la salud a romper con la mecánica terapéutica para entrar en una dinámica más humana con el paciente.
La iglesia y su pastoral debe trabajar en este ministerio de salud intensamente para ayudar a otros y otras desde su necesidad, desde su dolor.
En su libro “Por los caminos del dolor” el fenecido teólogo pastoral puertorriqueño y pastor de la Iglesia Evangélica Unida de PR, el Rvdo. Miguel Limardo, ofrece unas guías magistrales para ayudar, en las visitas a enfermos con diferentes diagnósticos médicos y cito:
¿Qué sucedería si cada hombre que se llama cristiano (yo le añadiría “persona”, pensando en la dimensión emocional de los seres humanos) decidiera un día empezar a visitar enfermos y desvalidos, como en una cruzada de amor? ¿Qué ocurriría, si en cada lecho de dolor, en cada sillón de ruedas, en cada cama, viéramos traslucirse la imagen de Aquel, que llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores? ¿Le visitaríamos con la misma ternura con que miramos hacia la cruz? , cierro la cita.
El Rvdo. Limardo, utiliza un discurso muy característico de sus escritos devocionales, rodeado de humildad, candidez y su toque particular de reflexión teológica y acción pastoral.
En otro de sus escritos “La Rosa y la espina”, este mismo autor manifiesta lo siguiente y cito:
Hay dos modos de conocer a una persona. Uno, por las referencias que nos llegan de esa persona y otra a través de la relación íntima que establecemos con ella. Así también sucede con Dios. Se puede conocer por lo que oímos acerca de Él. Por lo que leemos y por lo que nos cuentan. Pero también se le puede conocer por una experiencia diaria de intima amistad con Él. De aquí, pues, que hay un Dios de oídas y un Dios de la experiencia. El Dios de oídas, es el que llena la mente, el de la experiencia; el que llena el espíritu. Uno de la cabeza y otro del corazón; uno del intelecto y otro de la vida entera, cierro la cita.
Este Dios de la experiencia es el que se vivifica en la aflicción y en el quebranto. Y en ese lugar específico, en el que encontramos a Dios con y en nosotros, se entretejen las narrativas de vida de la persona pastoral. (A partir de este momento, acuño el término “persona pastoral” utilizado por el Dr. Jesús Rodríguez, para referirme a cualquier líder religioso, sea hombre o mujer).
Esta persona pastoral, es la misma que desde su sufrimiento, tiene que trabajar como “documento humano viviente” con sus propias limitaciones y sentimientos para ayudar a otros y otras, sin que su experiencia limite la sanidad espiritual y en muchos casos físicas, de los demás. El concepto de documento humano viviente es desarrollado por Anton T. Boisen. En el mismo, se estudia la narrativa de la persona que recibe el cuidado pastoral y se examina hermenéuticamente para complementar el diagnóstico teológico y crear un plan de cuidado. Esto es lo que Henri J. M. Nouwen refiere en su libro “El sanador herido”. Esta imagen declara que todos y todas tenemos nuestras propias crónicas de vidas llenas de alegría, pero en ocasiones, sumergidas en profundas experiencias de angustia y dolor. Nouwen afirma y cito, “que la persona pastoral debe tener una actitud, en donde desde sus propia condición de herido, haga algo útil para la curación de los/las demás”, cierro la cita.
Al poner cual papel de calco los planteamientos de Limardo y Nouwen, sobre el mapa de la realidad puertorriqueña respecto a la capellanía hospitalaria encuentro atreves del crisol de mi investigación y de mi experiencia, que en nuestra sociedad puertorriqueña, inmersa en problemas y luchas; la urgencia y la necesidad del cuidado pastoral clínico se hace patente. Pero, el mismo debe darse enmarcado en lo que, Carrol Wise define como y cito, “el arte de comunicar el significado interno del evangelio a una persona en el punto de necesidad de esta”, cierro la cita, lo cual va de la mano con la metáfora primigenia del cuidado pastoral, “el ser humano como documento viviente”.
Sin lugar a dudas, la enfermedad y el cuidado hospitalario son circunstancias en la vida de la persona que causan angustia, ansiedad y sufrimiento. En este contexto particular la persona se enfrenta a exigencias que le imponen realizar un esfuerzo de adaptación, de búsqueda y de nuevos equilibrios quizás en el momento de mayor vulnerabilidad de su vida, lo que se traduce en los mismos en la modificación de comportamientos y conductas ante la situación inesperada. Definitivamente, una enfermedad y/o una hospitalización, crean una crisis existencial, que provoca fuertes emociones. Entre las cuales se encuentran el coraje, la aflicción y la frustración. La tarea de la persona pastoral, frente a esta realidad es la de entender que esos sentimientos fuertes, son parte de la peregrinación del paciente. En este, un peregrinar, que devela que al enfermar el ser humano también lleva en sí mismo, a una persona con necesidades tanto físicas como espirituales; provocando que, el/la paciente ventile cual catarsis verdades ocultas del alma. Lo que conlleva que la persona pastoral aprenda a escuchar y a responder sin juzgar siempre y cuando haya aprendido mediante la educación clínica pastoral, a separar sus sentimientos y persona de la del paciente lo cual se logra, con la experiencia supervisada que brinda la clínica pastoral.
Instrumentos del cuidado
Lo que me provoca definir, el trabajo de la persona pastoral, como una tarea que se centra en el arte y la capacidad de participar en la energía espiritual de la narrativa de vida de quienes reciben cuidado. Este escuchar, ocurre desde una intencionalidad definida… desde valores y sentimientos que muchas veces son violados o desconocidos por el personal médico y aun en ocasiones por sus mismos familiares. Pero, dato importante y determinante que en toda la literatura revisada pude observar es que, en la intervención persona pastoral-paciente, se tiene que dar prioridad a la espiritualidad del Otro/a por encima de las tradiciones y prácticas religiosas que trae consigo, quien brinda ese cuidado pastoral.
Otra realidad es, el desfase existente entre la visión puramente salvífica y la necesidad del Otro/a que encontramos ante el grito silencioso de nuestro pueblo. Lo cual provoca que sean muchas las personas que con buena voluntad y deseo responden a proveer cuidado en el contexto hospitalario. No obstante en este contexto, no basta solo la buena voluntad, como ya he indicado. Pues, se requiere de herramientas que faciliten el reaprender nuevas formas de comprender al doliente, al enfermo, mientras trabajamos con nuestras propias emociones, creencias y cosmovisiones.
Sin dudas, ese marcado énfasis unidireccional, esa preocupación por salvar el alma, en ocasiones limita el escuchar e impone mi urgencia por salvar una vida, sobre las urgencias de quien sufre y busca ser escuchado/a desde su realidad de dolor y desesperanza. Es por ello que afirmo a la luz de la investigación realizada que: la persona pastoral en Puerto Rico necesita capacitarse para responder de manera adecuada a los aspectos éticos y morales que tanto el/la paciente, sus familiares y los profesionales de la salud le presentan en el contexto hospitalario el cual exige respuestas desde un plano clínico en donde debe existir un balance entre aspecto clínicos y espirituales.
Víctor Frankl, señala en su libro Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia que y cito “la palabra dicha a un enfermo, debe saber llegar al alma de este” cierro la cita. Frankl, invita al profesional de la salud a romper con la mecánica terapéutica para entrar en una dinámica más humana con el paciente.
La iglesia y su pastoral debe trabajar en este ministerio de salud intensamente para ayudar a otros y otras desde su necesidad, desde su dolor.
domingo, 3 de mayo de 2009
La Teología Pastoral y la mayordomía del cuerpo
En una conversación vía email que tuve en estos días comente que no era muy fanática de la cocina. A lo que me respondieron “Y con lo bien que se come en la Evangélica Unida de Fajardo”. Esto, junto a otros insumos obtenidos mediante este método de comunicación moderno me hizo pensar en el plan de Dios para mi vida. Dios me transporta desde el área de la salud hasta el área de la teología pastoral práctica. Pero, ¿por qué? ¿Qué puedo contribuir a esta especialidad teológica desde la perspectiva de la salud?
El acercamiento que esta autora hace a este tema, se lleva a cabo desde la óptica de la especialidad o sub-disciplina de la teología pastoral protestante y la especialidad de la Terapia física. La Teología Pastoral es una especialidad que se organiza bajo la rúbrica de la disciplina de la teología práctica; la cual es reconocida en el mundo de la teología académica como la “ciencia del cuidado de las almas”. La Terapia física, también conocida como rehabilitación funcional, es un programa diseñado para ayudar al cliente a mejorar o mantener sus capacidades funcionales (por ejemplo, actividades de la vida diaria). La terapia física incluye el desarrollo de la fuerza, flexibilidad y resistencia, así como el aprendizaje de la biomecánica apropiada (por ejemplo, la postura) para lograr la estabilidad de la columna y prevenir las lesiones[1].
Ambas especialidades tienen de centro al “Documento Humano Viviente” como el ethos de reflexión para lograr un bienestar integral y holístico. Para efectos de este trabajo nos enfocaremos en la disciplina del ejercicio físico como prevención y compromiso ante la mayordomía del cuerpo.
Para comenzar a explicar la mayordomía del cuerpo debemos retornar al macro de la definición y ubicarla en el contexto del cristianismo. Por lo tanto, la mayordomía cristiana es la actividad libre y gozosa de los hijos de Dios y de la familia de Dios, la iglesia, a través de la cual se administra toda la vida y todos los recursos de la vida según la voluntad de Dios[2]. La pregunta a seguir, sería entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Dios me quiere enfermo? ¿Dios quiere que tenga diabetes, artritis, colesterol alto etc.? Estas son algunas de las enfermedades que aunque genéticamente nos podrían afectar, muchas veces nuestros estilos de vida influyen en el desarrollo de las mismas.
La disciplina de la salud física puede ser clasificada desde una perspectiva pastoral como una práctica ascética con el potencial para cultivar una autoestima más alta y una existencia espiritual[3]. El acondicionamiento físico ha llegado a ser un movimiento popular que cruza las fronteras de generación, clase y cultura social[4]. Dentro de estos salones llamados “Fitness Center” todos llegan con una meta común, mejorar su condición ya sea por salud, estética o simplemente exposición a relaciones interpersonales.
La disciplina de la salud “Fitness discipline” incluye ejercicio aeróbico, ejercicios de tonificación, nutrición y un estilo de vida moderado. La actividad física ha ampliado el cosmos en donde por siglos la iglesia había enmarcado el cuerpo. En muchas ocasiones olvidamos que el Ser Humano es un ser integral formado a Imagen y Semejanza de Dios (Génesis 1; 27), capacitados en espíritu, alma y cuerpo. Dios se complace en nutrir nuestros cuerpos de alimentos saludables tanto físicos como espirituales para lograr buenos estados de nutrición y buenas etapas de producción.
El acercamiento que esta autora hace a este tema, se lleva a cabo desde la óptica de la especialidad o sub-disciplina de la teología pastoral protestante y la especialidad de la Terapia física. La Teología Pastoral es una especialidad que se organiza bajo la rúbrica de la disciplina de la teología práctica; la cual es reconocida en el mundo de la teología académica como la “ciencia del cuidado de las almas”. La Terapia física, también conocida como rehabilitación funcional, es un programa diseñado para ayudar al cliente a mejorar o mantener sus capacidades funcionales (por ejemplo, actividades de la vida diaria). La terapia física incluye el desarrollo de la fuerza, flexibilidad y resistencia, así como el aprendizaje de la biomecánica apropiada (por ejemplo, la postura) para lograr la estabilidad de la columna y prevenir las lesiones[1].
Ambas especialidades tienen de centro al “Documento Humano Viviente” como el ethos de reflexión para lograr un bienestar integral y holístico. Para efectos de este trabajo nos enfocaremos en la disciplina del ejercicio físico como prevención y compromiso ante la mayordomía del cuerpo.
Para comenzar a explicar la mayordomía del cuerpo debemos retornar al macro de la definición y ubicarla en el contexto del cristianismo. Por lo tanto, la mayordomía cristiana es la actividad libre y gozosa de los hijos de Dios y de la familia de Dios, la iglesia, a través de la cual se administra toda la vida y todos los recursos de la vida según la voluntad de Dios[2]. La pregunta a seguir, sería entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Dios me quiere enfermo? ¿Dios quiere que tenga diabetes, artritis, colesterol alto etc.? Estas son algunas de las enfermedades que aunque genéticamente nos podrían afectar, muchas veces nuestros estilos de vida influyen en el desarrollo de las mismas.
La disciplina de la salud física puede ser clasificada desde una perspectiva pastoral como una práctica ascética con el potencial para cultivar una autoestima más alta y una existencia espiritual[3]. El acondicionamiento físico ha llegado a ser un movimiento popular que cruza las fronteras de generación, clase y cultura social[4]. Dentro de estos salones llamados “Fitness Center” todos llegan con una meta común, mejorar su condición ya sea por salud, estética o simplemente exposición a relaciones interpersonales.
La disciplina de la salud “Fitness discipline” incluye ejercicio aeróbico, ejercicios de tonificación, nutrición y un estilo de vida moderado. La actividad física ha ampliado el cosmos en donde por siglos la iglesia había enmarcado el cuerpo. En muchas ocasiones olvidamos que el Ser Humano es un ser integral formado a Imagen y Semejanza de Dios (Génesis 1; 27), capacitados en espíritu, alma y cuerpo. Dios se complace en nutrir nuestros cuerpos de alimentos saludables tanto físicos como espirituales para lograr buenos estados de nutrición y buenas etapas de producción.
Nuestros cuerpos son la obra sapiencial de Dios que solo su inteligencia podía concebir. La finalidad de nuestro cuerpo es transportar nuestro espíritu y mantenernos en koinonia y empatía con los/as demás. El alma es el aposento de nuestros pensamientos y emociones los cuales también deben ejercitarse con la disciplina de la oración y la fe. Estos tres: espíritu, alma y cuerpo deben andar en igualdad de condiciones, bajo la misma estricta disciplina; para lograr un encuentro con Dios durante el tiempo que nos toque vivir.
1 Ustedes deben considerarnos como simples servidores de Cristo, encargados de enseñar los planes que Dios tenía en secreto.2 Los que están encargados de alguna tarea deben demostrar que se puede confiar en ellos. I Corintios 4:1-2
Nuestro Padre Celestial nos da esos bienes con gusto, pero también nos delega una responsabilidad que exige que los utilicemos con sabiduría, sin abusos, sin derroches. Somos los administradores de nuestros cuerpos. “Cuida tu cuerpo, es tu HOGAR”.
[1] http://www.scoliosisassociates.com/subject.php?pn=terapia-fisica-038
[2] http://www.lcms.org/graphics/assets/media/DCS/BSP-Spanish.pdf
[3] Rodney Hunter. Dictionary of Pastoral Care and Counseling (Nashville: Abingdon, 2005), 921.
[4] Ibid
jueves, 30 de abril de 2009
El camino del silencio hacia la Gloria de Dios

Para comprender el poder que habita en el silencio de Dios utilizaré el pasaje de Marcos 16:1-8.
· Y pasado el sábado, María la Magdalena y María la de Santiago y Salomécompraron aromas, para ir a ungirlo. 2. 3. Y decían unas a otras: ¿Quién nos hará rodar la piedra de la entrada del sepulcro? 4. Y mirando ven que había sido rodada la piedra. Era, en efecto, muy grande. 5. Y entrando al sepulcro vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de túnica blanca, y se asustaron. 6. Pero él les dice: No os asustéis. A Jesús buscáis, al Nazareno, al crucificado. Fue despertado; no está aquí. Mirad, el lugar donde lo pusieron. 7. Pero andad, decid a sus discípulos y a Pedro que os precede hacia Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.8. Y salidas huyeron del sepulcro, pues las invadía temblor y espanto a nadie nada dijeron, pues tenían miedo.
Los estudiosos de estas experiencias en la Edad media llamaban a este silencio del ser humano el resultado de un encuentro con Dios. Un momento místico, en donde sencillamente se tiene una experiencia personal con Dios[i]. Los místicos optan por callar este momento oculto o misterioso, como le llama Martín Velasco[ii]. Aún en medio de la soledad, del silencio, del aislamiento que muchos místicos procuran encontrar entiendo, que es confortable saber como dice Eckhart que "el sufrimiento es el camino más corto para el nacimiento de Dios en el alma". En la prisión, el alma encuentra la unión mística[iii] (Moltmann, 1983,110).
La perspectiva de la lectura de este pasaje desde mis lentes de mujer entiende que ese temor o miedo del cual nos habla el autor del libro de Marcos de ninguna manera significa el fracaso del llamado de la mujer al ministerio de la proclamación del Reino de Dios. Muchos exegetas atribuyen este silencio a un miedo aterrador al sentir el abandono de Jesús. Pero el resultado de ese temor fue el movimiento de una iglesia apostólica hacia los confines de la Tierra. ¿Quién no calla frente a la grandeza de Dios? El silencio puede ser el camino al encuentro con el Padre. Dios siempre está presente, activo a nuestro favor, pero ese sentimiento de abandono en los momentos difíciles puede ser el producto de que no nos tomamos el tiempo de desarrollar la disciplina del silencio, la de abandonarnos en las manos de Dios y de no escuchar aparentemente nada más que nuestros miedos, soledades y heridas.
En estos días de tanta confusión, utilicemos ese silencio para reflexionar sobre nuestros miedos, nuestros temores y nuestras heridas pero, también reflexionemos y abordemos el camino de la esperanza, la paz y la fe el cual nos lleva de seguro a conocer Su gloria.
[i] Sinclair B. Ferguson y otros. Nuevo Diccionario de Teología. (Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 2001). pagina26-27.
[ii] Martín Velasco, Juan. El fenómeno místico: estudio comparado.( Madrid: Trotta,1999).
[iii] Moltmann, Jurgen. Experiencias de Dios. (Salamanca, Sigueme, 1983).
· Y pasado el sábado, María la Magdalena y María la de Santiago y Salomécompraron aromas, para ir a ungirlo. 2. 3. Y decían unas a otras: ¿Quién nos hará rodar la piedra de la entrada del sepulcro? 4. Y mirando ven que había sido rodada la piedra. Era, en efecto, muy grande. 5. Y entrando al sepulcro vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de túnica blanca, y se asustaron. 6. Pero él les dice: No os asustéis. A Jesús buscáis, al Nazareno, al crucificado. Fue despertado; no está aquí. Mirad, el lugar donde lo pusieron. 7. Pero andad, decid a sus discípulos y a Pedro que os precede hacia Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.8. Y salidas huyeron del sepulcro, pues las invadía temblor y espanto a nadie nada dijeron, pues tenían miedo.
Los estudiosos de estas experiencias en la Edad media llamaban a este silencio del ser humano el resultado de un encuentro con Dios. Un momento místico, en donde sencillamente se tiene una experiencia personal con Dios[i]. Los místicos optan por callar este momento oculto o misterioso, como le llama Martín Velasco[ii]. Aún en medio de la soledad, del silencio, del aislamiento que muchos místicos procuran encontrar entiendo, que es confortable saber como dice Eckhart que "el sufrimiento es el camino más corto para el nacimiento de Dios en el alma". En la prisión, el alma encuentra la unión mística[iii] (Moltmann, 1983,110).
La perspectiva de la lectura de este pasaje desde mis lentes de mujer entiende que ese temor o miedo del cual nos habla el autor del libro de Marcos de ninguna manera significa el fracaso del llamado de la mujer al ministerio de la proclamación del Reino de Dios. Muchos exegetas atribuyen este silencio a un miedo aterrador al sentir el abandono de Jesús. Pero el resultado de ese temor fue el movimiento de una iglesia apostólica hacia los confines de la Tierra. ¿Quién no calla frente a la grandeza de Dios? El silencio puede ser el camino al encuentro con el Padre. Dios siempre está presente, activo a nuestro favor, pero ese sentimiento de abandono en los momentos difíciles puede ser el producto de que no nos tomamos el tiempo de desarrollar la disciplina del silencio, la de abandonarnos en las manos de Dios y de no escuchar aparentemente nada más que nuestros miedos, soledades y heridas.
En estos días de tanta confusión, utilicemos ese silencio para reflexionar sobre nuestros miedos, nuestros temores y nuestras heridas pero, también reflexionemos y abordemos el camino de la esperanza, la paz y la fe el cual nos lleva de seguro a conocer Su gloria.
[i] Sinclair B. Ferguson y otros. Nuevo Diccionario de Teología. (Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 2001). pagina26-27.
[ii] Martín Velasco, Juan. El fenómeno místico: estudio comparado.( Madrid: Trotta,1999).
[iii] Moltmann, Jurgen. Experiencias de Dios. (Salamanca, Sigueme, 1983).
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Saludos
Gracias por tomar de tu tiempo para compartir mis cartas abiertas. Las mismas son historias del alma que comparto con todo el que las quiera leer. Aquí escribo de todo. Desde mis experiencias en el salón de clase hasta un poco de mis viajes . Bendiciones para ti.